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Septiembre.

Se fue dejándome lastimada, sola y sin sus brazos. Hace ya casi cuatro meses que decidió irse de acá y darme un espacio, dejarme ser, sola, y yo volví, varias veces para buscar su calor, sus gestos, su amor y no lo tuve. Entendí que mi amor a ella la salvó pero a mi me hundió.
Desde el día en que le dije que la amaba no pude separarme más de esa sensación de necesidad que me unía a su cuerpo, a su persona. Necesitaba que me abrace, un mensaje, sus llamados, que me rete, que me bese, que me ignore cuando venía a verme, necesitaba que me haga mala para poder sentir que estaba ahí, que todavía no me había muerto, que tenía algo vivo dentro mío. Cuándo mi Nonna dejó este plano del mundo para irse a uno mejor, yo recaí en los brazos de esta persona, de ese ser que tanto me llenaba de luz, de paz y al mismo tiempo me hundía en el peor abismo en el que había estado. Digo recaí y no caí, porque literalmente fue así, toda mi pena y mi pesar se lo dejaba en manos de ella, mis llantos, mis momentos, todo tenía que ver con ella. Si me sentía mal, ella era la culpable, si me sentía sola, ella era la culpable, si sentía que el mundo se me venía abajo, ella siempre iba a ser la culpable. Esperaba siempre un gesto más, un beso más, un abrazo más, un cariño más. Idealice cada parte de su alma y su ser convirtiéndolo todo para mí, dejé que el sentimiento de necesidad invadiera todo mi interior y solamente la veía a ella. Pensaba que para salvarme de todo ese dolor inmenso que sentía por dentro tenía que llegar esa persona mágica llena de respuestas y yo hice que se convirtiera en eso, decidí por mi misma y con mi egoísmo que ella me tenía que salvar, que sacar de ese pozo, que si me soltaba la mano yo no iba a poder seguir.
Durante meses después de mi pérdida lo único que buscaba era la aceptación de ella en todo lo que hacía, que me dijera que me amaba, que me quería, que me necesitaba o que solamente yo le daba esa paz a su vida, era lo que llenaba mi alma de ilusiones y tranquilidad, de saber que por más que el mundo se me esté viniendo abajo ella iba a estar ahí para darme la mano, decirme que todo iba a estar bien, que no me haga tanto problema por todo, que no llore más, que deje de pensar y seguido a eso un Te amo, que me sacaba una sonrisa y volvía a calmar ese mar de emociones que estaba a punto de desbordar. Todo lo calmaba, sabía exactamente que decirme para hacerme sentir bien, así como yo aprendí a decir exactamente todo lo que podía llegar a hacerla sentir mal.
Si, así, sabía qué palabras elegir para que su alma se partiera al medio, para hacerla enojar, para que se ponga triste, se preocupe y sobre todo, tenga culpa. Sabía que decir y qué hacer para que ella me dijera que me amaba, que era lo mejor de su vida, que nunca me vaya de su lado. Yo sabía todo, yo hacía de todo, pero ella, ella eran solo palabras por un celular, nunca hizo más que DECIRME, jamás salió un gesto de amor inmenso de su alma que me demostrara que yo era lo mejor que tenía, que no quería que me vaya de su vida.
Me soltó, yo no era lo mejor, yo no era nada de lo que una vez me había hecho creer que era, llegaba para endulzarme los oídos con una cantidad de mentiras interminables que tal vez en ese momento las sintió pero tenían un tiempo límite de caducidad, y caducaron. Me soltó, me dejó días antes de mi cumpleaños, destrozada, muerta por dentro, más muerta de lo que ya estaba. Literalmente me partí, me quebré, sentí como cada parte de mi vida se estaba desmoronando y haciendo pedazos, sentí el dolor del alma una vez más, sentí la soledad, sentí la falta de comprensión, la desilusión, sentí el desamor, la ignorancia, la frialdad con la que ella actuó desestabilizó cada parte de mi cuerpo, de mi mente y mi alma. Desde que se fue y no supe más, solamente me enteraba cosas dolorosas, feas, que cada vez llenaban más y más mi corazón de odio, de dolor, de intolerancia. Ella no partió a otro plano espiritual, ella no dejó éste mundo y pasó a uno mejor, ella me dejó e hizo de cuenta que yo había muerto, que yo no existía, que yo no estaba acá. Hizo de cuenta que jamás me conoció, así como llegó de repente para abrirme el alma y llenarme de ilusión, se fue sin dejar un rastro atrás suyo. Sentí como si me hubiese pegado balazos en el pecho a sangre fría con todo lo que me dijo, y así, se dio media vuelta y desapareció. Dejándome muerta y sola. Así me sentí, así de crudo y exagerado como suena, me sentí ese día. Sin destino, sin saber qué hacer, con un millón de preguntas en la cabeza, hecha pedazos, enojada, triste, desconsolada y totalmente perdida. Ya no tenía consuelo, si lo único que me lo daba me había dicho que lo mejor era que se terminara esto que nunca (aunque me cueste y duela aceptarlo) pudo, ni tuvo intenciones al último de ser.
La última vez que le hablé rogué que me diera un abrazo, porque necesitaba sentir el calor de un abrazo en donde ya había estado y que mi alma se vuelva a llenar de lo que ella alguna vez me supo dar. Mi mente y mi cuerpo dependían tanto de M que tengo recuerdo vívidos de cosas que aún no se pueden ir de mi cabeza, que me teletransportan a nuestros momentos y me duelen, me dan vuelta, me golpean la puerta, pasan, hacen desastre, desacomodan todo lo que estaba acomodado con tanto esfuerzo, ganas, dolor y se van, se van y me dejan tirada, llorando, encontrándome de nuevo en esa situación de porquería por la que nadie nunca quiere pasar. Por ese momento en el que no sabes si aparecer o no, si volver a su vida o simplemente retirarte. Agoté todos mis recursos, le pedí todo lo que estaba a mi alcance para que nos viéramos, para volver a sentir su perfume, para volver a sentirme en casa. No quería de nuevo su amor, su comprensión, sus palabras, simplemente necesitaba sentirme tranquila, cuidada en sus brazos, en esos que una vez recaí y quería volver a recaer. Ni ella ni nadie jamás va a entender lo que para mi significaba un abrazo de ella en ese momento en el que sentía que mi vida estaba perdiendo su rumbo hasta el día de hoy.
Siento que me perdí, que estoy en un camino lleno de piedras, de obstáculos, de dolor y que tengo que pasar por ésto, tengo que perderme para volver a encontrarme porque a veces es bueno, porque no sé que hacer y solamente depende de mi, nunca necesite de nadie para sentirme bien y siempre supe salir sola adelante pero me duele tanto el corazón, el alma que cada vez que tengo la oportunidad de anestesiar todos los dolores sentimentales y físicos que me causó, lo hago. Sin arrepentimiento, temor o culpa alguna. Le dije, sí, que estaba perdiendo mi rumbo y que mi interior estaba muy mal, le pedí ayuda desesperadamente pero sin decirle: TE NECESITO.
Le pedí la droga más grande que alguna vez ella me podría haber dado, que alguna vez podría haber consumido, le volví a pedir su amor.

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