He perdido tanto en mi vida que si tratara de recordar todo, no podría. Perdí parejas, perdí amigos, perdí familia, perdí mascotas, perdí cosas materiales y hasta me perdí a mi. Pasé por millones de sentimientos efímeros, me recuperé y hasta tuve valor para volver a nacer, porque uno siempre renace de entre las cenizas, como un ave fénix, cada vez que atraviesa una mala pasada, un desamor, una despedida, una pérdida. En 23 años de vida lo que más me dolió fue haber perdido a mi Nonna, claramente porque sabía que su despedida y el sentimiento que eso conllevaba, no iba a ser efímero si no eterno. Me imaginé miles de veces ese momento durmiendo a su lado, lloré desconsoladamente en voz baja para que ella no me escuchara, escondí el dolor en mi alma un millón de veces cuando todo comenzó a empeorar y lo logré, hasta que realmente se fue... Hasta ese maldito día en el que su cuerpo físico dejo éste mundo y su cuerpo espiritual partió a un lugar mejor. Vivo para cuestionarme este dolo...